9 de septiembre de 2020

Las startups que movían los hilos en el S.XV.

Las startups que movían los hilos en el S.XV.

¿Quién no ha soñado despierto que viajaba en el tiempo alguna vez? Te llevamos a conocer más de cerca a quienes crearon su particular Silicon Valley en València, una ciudad enamorada del arte de la seda.

El proyecto.

Este viaje en el tiempo lo hemos hecho de la mano de Vicente Genovés, presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda.

Él mismo nos ha explicado qué supuso la restauración de este emblemático edificio.

Si estás preparado, te contamos brevemente la historia del Colegio del gremio sedero, que se remonta al siglo XV cuando se funda el Gremi de Velluters (tejedores de terciopelo). ¿Su headquarters? Ubicado en la calle Hospital Nª 7 de València, ciudad que vivía su Siglo de Oro, lo que podemos considerar como el Silicon Valley de la época.

En el siglo XVI, el edificio se convirtió en el Colegio del Arte Mayor de la Seda.  Así nos lo cuenta Vicente.

El origen de estas startups.

La seda fue introducida por los árabes a finales del siglo IX, cuando llega el cultivo del árbol de la morera y la introducción y manipulación de seda elemental para hacer tejidos lisos. Pero la elaboración de la seda a mayor escala en València nace en el siglo XV, momento en el que el barrio dels Velluters empezó a reunir emprendedores dedicados a esa industria junto con sus proveedores: hiladores, tintadores, tejedores, etc.

El gremio empieza a crecer, y es en 1477 cuando se detecta la necesidad de organizarse profesionalmente, y coincidiendo con la influencia de los maestros genoveses, que mostraron a los valencianos las técnica del vellutto, el arte de la seda despega en València convirtiendo a la ciudad en un hub de emprendimiento e innovación en artesanía.

Scale up del arte de la seda.

Para hacer escalable el negocio se necesitó una estandarización de procesos que garantizase la calidad del producto y el control exhaustivo del mismo.

Fueron unos visionarios ya que, además de agruparse comercialmente, impusieron una normativa estricta para garantizar en el gremio unos estándares de calidad e imagen de marca, un incipiente marketing que les ayudó a consolidarse como gremio. Esto hizo que el terciopelo valenciano mejorara en calidad y capacidad de producción.

Como si de un business angel se tratara, el sector encontró el respaldo necesario en 1686 de la mano de Carlos II, que elevó el gremio a la categoría de Colegio del Arte Mayor de la Seda poniéndolo al nivel del trabajo de pintores y artistas. 

Pero, ¿cuál es el momento del máximo esplendor? En el S.XVIII. Las sedas valencianas se empiezan a exportar a todo el mundo, sobre todo a América. València se había convertido en un centro sedero potente y mundial.

La pandemia que lo hizo tambalear.

Podemos decir que también una pandemia fue la responsable del declive económico del sector en esos tiempos, pero en el caso del sector sedero, la enfermedad de la pebrina afectó únicamente a los gusanos de seda y provocó un descenso brutal en la producción de hilo.

Esto llevó al Colegio a la pérdida de más de la mitad de los maestros que, en el mejor de los casos, tuvieron que reinventarse y pivotar a otros negocios por la falta de materia prima.

Back to the future.

Hemos vuelto a 1981, momento en que el edificio, que data de 1494, es reconocido por el Ministerio de Cultura como Monumento Artístico Histórico Nacional de máxima protección y por la Generalitat como BIC, y necesita una restauración profunda.

En junio de 2016, tras 18 meses de obras, se inauguró el Museo de la Seda. El coste de las obras rondó los dos millones de euros, asumidos íntegramente por la Fundación Hortensia Herrero, quien logró recuperar uno de los símbolos del esplendor de València con la única condición de que en los siguientes 25 años se mantuviera como museo público para contar esta misma historia.

«Estuvimos casi 30 años en la administración peleando la rehabilitación del edificio. La idea de la acción era continuar con la tradición en València y abrir un museo con todo el material con el que se contaba. Tras varios intentos fallidos, acudimos finalmente a la Fundación Hortensia Herrero, quienes acogieron el proyecto con los brazos abiertos. Les encantó y la implicación fue impecable».

Cuando el proyecto nació, respetó la imagen de lo que era el edificio en el siglo XVIII, pero se creó una infraestructura técnica moderna que adaptara el edificio a la nueva condición de museo: accesibilidad, acondicionamiento de salas, etc.

«Teníamos que recuperar el estilo barroco que se respiraba entonces, el criterio de rehabilitación fue súper riguroso. Nunca se perdió la esencia. Las vigas de madera son las originales, lo que había es lo que vemos, reforzado lógicamente con nuevas técnicas».

La situación actual - Risky Valencians.

Hoy en día los artesanos de la seda se encuentran ante una situación difícil. Quedan pocos fabricantes, que subsisten dedicados a la indumentaria de la fiesta valenciana y que han visto agravada su situación debido a la pandemia actual que ha obligado a todos los municipios de la Comunitat a posponer las fiestas del 2020.

«Se trata de una labor tecnológicamente cara y compleja, los sederos están en situación de riesgo de desaparecer y con ellos perderíamos una larga tradición».

El objetivo es potenciar València, su patrimonio y producto propio.

«En 2016, cuando inauguramos el Museo, se declaró por la Unesco València Ciudad de la Seda. Se celebraron muchos actos y recuperamos una posición dentro de los países con patrimonio sedero que volvió a situar a Valencia en primera línea».

«No podemos dejar que esto se pierda».

La indumentaria tradicional valenciana es el reflejo de ese esplendor sedero: color, diseño, estampado, riqueza… representa una historia de casi 600 años. Son telas, son patrimonio, son cultura.

«Esta fiesta viste de seda y es una explosión».

 

«No me canso de apostar y arriesgar por que esta tradición no muera. Eso sí, todos los valencianos tenemos un papel importante».

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